Héctor Santcovsky · IA, ENERGíA Y REDES: EL DEBATE QUE ESTAMOS OLVIDANDO
El debate sobre la inteligencia artificial suele centrarse en los algoritmos, los riesgos éticos o la competencia entre Estados Unidos, China y Europa. Sin embargo, muchas veces se olvida o no presta suficiente atención a una cuestión más inmediata, que es mucho más prosaica: la energía.
Los centros de datos que hacen posible la IA necesitan cantidades crecientes de energía. No es una novedad. Lo verdaderamente nuevo es la velocidad con la que está creciendo la demanda y, sobre todo, la concentración territorial de los consumos. Durante años se pensó que la digitalización era una actividad casi inmaterial. Hoy sabemos que detrás de cada consulta a una IA existe una infraestructura física formada por cables, subestaciones, centros de datos, sistemas de refrigeración y miles de megavatios de potencia eléctrica.
El problema principal no es que falte energía. España dispone de una capacidad de generación considerable y continuará incorporando nuevas instalaciones renovables durante los próximos años. El reto está en otro lugar: las redes. En muchos territorios la capacidad de transporte y distribución se ha convertido en el verdadero cuello de botella. No basta con producir electricidad; hay que llevarla donde se necesita y cuando se necesita.
Por ello resulta imprescindible acelerar las inversiones en redes eléctricas, una de las infraestructuras más olvidadas de la transición energética. Sin redes modernas será difícil electrificar la industria, la movilidad, la climatización de los edificios y, simultáneamente, alimentar el crecimiento de los centros de datos.
También conviene recuperar un principio básico de planificación: producir energía cerca de donde se consume siempre que sea posible. La proximidad reduce pérdidas, disminuye costes de transporte y mejora la resiliencia del sistema. La generación distribuida, el autoconsumo, el almacenamiento y las comunidades energéticas pueden desempeñar un papel cada vez más relevante en este nuevo escenario.
La eficiencia será igualmente determinante. Los centros de datos más avanzados ya trabajan para reducir consumos, aprovechar calor residual y optimizar su funcionamiento. Incluso podrían contribuir en determinados momentos a la estabilidad del sistema mediante mecanismos de gestión flexible de la demanda. Pero ninguna mejora tecnológica compensará la falta de planificación.
La inteligencia artificial necesita talento, inversión y capacidad tecnológica. Pero necesita también algo menos visible: energía asequible, redes robustas y una visión territorial de largo plazo. Quizás el verdadero desafío de la IA no esté solo en emular o competir con Silicon Valley, sino en anticipar y construir las subestaciones, líneas y redes eléctricas que constituyen la infraestructura invisible sobre la que descansa toda la revolución digital.
Héctor Santcovsky
Este artículo ha sido publicado directamente por su autor, un colaborador de confianza de BarcelonaDot.org. Su contenido refleja exclusivamente su perspectiva personal y no ha pasado por el proceso editorial habitual del medio.