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Cómo demostrar que un archivo ya existía en una fecha determinada y que no ha sido modificado

Cristian Cascante 1 de octubre de 2026 ⏱ 6 min lectura
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No se trata de detectar deepfakes, sino de poder demostrar que un archivo ya existía y no se ha tocado

Cada vez es más fácil fabricar un documento, una imagen o un vídeo que parezcan auténticos, y casi toda la conversación gira en torno a cómo detectar deepfakes. Pero el problema que se encuentra una empresa el día que alguien le discute un contrato, una factura o una fotografía es otro: poder demostrar que ese archivo ya existía en una fecha concreta y que nadie lo ha tocado desde entonces.

Una fotografía de una vivienda antes de unas obras. Las condiciones de venta que aceptó un cliente. La versión de un contrato. Una factura cuya existencia alguien niega. Un diseño que todavía no se ha publicado. Una captura de pantalla.

“Hoy por hoy no es posible confirmar al cien por cien que algo es auténtico, por muchos motivos y no todos técnicos. Lo que sí es posible es construir una cadena de pruebas que lo respalde, y esa cadena empieza por dos cosas: asegurar que un archivo existía en un momento concreto y que, desde entonces, no ha sido alterado. No resuelve el problema del todo, pero ayuda, y sobre todo da contexto”. Es la premisa de Sellat, un proyecto independiente nacido en Barcelona.

La fecha que muestra un ordenador no es suficiente. Los metadatos de un archivo pueden modificarse. Una captura de pantalla puede editarse. Y guardar un documento en nuestra propia base de datos obliga, en último término, a confiar en quien controla esa base de datos.

La criptografía ofrece otra forma de afrontar el problema.

Una huella en lugar del archivo

Una de las técnicas más utilizadas consiste en calcular el hash del documento, una especie de huella digital criptográfica.

Un documento puede convertirse mediante SHA-256 en una cadena única de caracteres. Si se modifica una sola letra, un píxel o un byte, la huella resultante cambia.

Esto permite registrar esa huella sin necesidad de publicar el contenido original.

A partir de aquí aparecen distintas formas de demostrar cuándo existía esa huella.

Una blockchain pública como Bitcoin o Polygon permite dejar esa huella a la vista de todos. Cualquiera que tenga el archivo puede recalcularla, comprobar que coincide con la registrada y leer la fecha del bloque, sin pedir permiso a nadie y sin depender de la base de datos de la empresa que presta el servicio.

Conviene ser preciso sobre lo que demuestra ese registro: que la huella existía no más tarde de la fecha del bloque. La marca de tiempo de un bloque es aproximada (en Bitcoin la precisión es del orden de horas; en Polygon, de pocos minutos), suficiente para acreditar que algo existía antes de un momento dado, pero no para fijar la hora exacta.

Y aquí conviene separar tecnología y derecho.

Blockchain aporta evidencia. eIDAS añade otra capa

Registrar la huella en una blockchain es una buena evidencia técnica: cualquiera puede comprobar que esos datos ya existían. Pero una evidencia técnica y una prueba con respaldo legal no son lo mismo.

En Europa, el Reglamento eIDAS distingue dos niveles de sello de tiempo. Cualquiera puede presentarse como prueba; pero si lo emite un prestador cualificado —una entidad supervisada y auditada—, la ley presume que la fecha es correcta y que el documento no ha cambiado. La diferencia se nota el día que hay conflicto: con una prueba no cualificada, quien la presenta tiene que explicar por qué es fiable, normalmente con un perito; con un sello cualificado, es la otra parte quien tiene que demostrar lo contrario.

No se trata de elegir. Blockchain aporta independencia: nadie puede alterar el registro ni hace falta confiar en quien lo guarda. El prestador cualificado aporta el respaldo legal.

Y ambas pueden convivir. La reforma de eIDAS de 2024 reconoce por primera vez los «libros mayores electrónicos» y da a los cualificados presunción sobre el orden y la integridad de sus registros. Bitcoin o Polygon no lo son, pero el registro distribuido ya tiene su sitio en el derecho.

En un mundo donde cualquier archivo puede modificarse, poder demostrar cuándo existía y que conserva su integridad aporta una nueva capa de confianza. Contratos, facturas, fotografías, diseños o documentos importantes pueden protegerse desde hoy. No esperes a que surja una disputa: asegura ahora aquello que mañana podrías necesitar demostrar

De los grandes sistemas a cualquier empresa

Hasta hace pocos años este tipo de mecanismos estaba reservado a grandes empresas, firma electrónica, administración pública o sistemas documentales complejos. Eso ha cambiado: hoy es posible generar la huella de un documento, anclarla en una red pública y, cuando hace falta, añadir un sello cualificado, sin cambiar la forma de trabajar de nadie y sin que el archivo original salga de casa.

La idea resulta especialmente útil cuando se aplica no solo a documentos individuales, sino a procesos. Una tienda online puede conservar evidencia de qué versión exacta de sus condiciones de venta aceptó un cliente en el momento de la compra. Una empresa puede demostrar cuándo recibió determinado archivo. Un propietario puede registrar el estado de un inmueble antes de una obra. Un profesional puede acreditar que una creación ya existía antes de hacerla pública.

La regla práctica para decidir cuánta prueba hace falta es simple: para un registro interno o de bajo riesgo, la huella anclada en una red pública suele bastar; si el documento puede acabar en un juzgado, conviene añadir el sello cualificado.

Saber de dónde viene cada cosa

La explosión de contenido generado y modificado mediante inteligencia artificial está acelerando otra tecnología relacionada: C2PA y las llamadas Content Credentials.

C2PA permite asociar información criptográficamente verificable sobre la procedencia y las transformaciones que ha sufrido un contenido digital. Con un matiz importante: esas credenciales viajan dentro del propio archivo y pueden perderse por el camino; basta con que una plataforma elimine los metadatos al subir la imagen.

Pero responde a otra pregunta.

C2PA intenta responder principalmente a quién creó un contenido, con qué herramienta o qué modificaciones ha sufrido. El sellado de tiempo responde a cuándo existían esos datos y si han cambiado desde entonces. Y la identificación o firma electrónica puede responder a una tercera: quién estaba detrás de determinada acción.

Es probable que durante los próximos años veamos cómo estas tecnologías empiezan a combinarse. Una fotografía podría incorporar información sobre el dispositivo que la capturó, mantener un historial verificable de sus modificaciones y, al mismo tiempo, disponer de una prueba externa del momento en que ya existía.

No impediría la manipulación del mundo digital.

Hasta ahora el esfuerzo se ha centrado en detectar lo falso, una carrera cada vez más difícil de ganar. Estas tecnologías permiten lo contrario: acreditar de dónde viene un contenido, que no ha cambiado y desde cuándo existe.

Y cuanto más fácil sea fabricar una falsificación convincente, menos valdrá poder decir «esto es un deepfake» y más valdrá poder demostrar «esto ya existía, y nadie lo ha tocado».


Cristian Cascante
Arquitecto web y fundador de Sellat

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