Opinión

Héctor Santcovsky · LA FINANCIARIZACIóN HA LLEGADO: LA IA YA GASTA MáS DE LO QUE INGRESA

Héctor Santcovsky 1 de noviembre de 2026 ⏱ 4 min lectura
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La carrera por la inteligencia artificial ha entrado en una nueva fase. Hasta hace poco, bastaba con anunciar inversiones colosales en centros de datos y chips para que el mercado las celebrara. Esta semana, en cambio, los resultados de las grandes tecnológicas han dejado una pregunta sobre la mesa: ¿cuánto tiempo puede sostenerse una carrera que consume más dinero del que devuelve?
Alphabet, Amazon, Meta y Microsoft prevén invertir en conjunto más de 740.000 millones de dólares en 2026, según TechCrunch. Alphabet habla de hasta 205.000 millones; Amazon, de 220.000; Meta, de 145.000. Las cifras impresionan, pero lo más significativo es que el gasto empieza a superar el dinero que estas compañías generan con su actividad. Entre enero y septiembre, las cinco grandes —incluida Oracle— invirtieron 556.900 millones, mientras su flujo de caja operativo fue de 542.900 millones, según 24/7 Wall St. El flujo de caja libre conjunto pasó de un saldo positivo de 143.500 millones a uno negativo de 14.000 millones en un año. Las recompras de acciones, mientras tanto, cayeron un 83%.
El mercado ha empezado a pedir cuentas. Alphabet perdió entre un 11% y un 12% el jueves 29, en la que TechCrunch describió como la peor jornada de su historia. La caída borró unos 500.000 millones de dólares de su valor en Bolsa. La compañía encadenaba su segundo trimestre con flujo de caja libre negativo y el crecimiento de los anuncios en su buscador —un 12%— fue el más débil de los últimos cinco trimestres. Amazon cayó un 7% y, el viernes, el Nasdaq retrocedió un 2,9%, arrastrando también a Nvidia, Broadcom y Qualcomm.
Para mantener el ritmo, las grandes tecnológicas recurren cada vez más a la deuda. En 2026 emitieron unos 326.000 millones de dólares, el triple que el año pasado, según S&P Global, citado por TechCrunch. Microsoft colocó 25.000 millones en bonos: su primera emisión en dólares desde 2017. La deuda no demuestra por sí sola que el modelo vaya a fallar, pero sí cambia la naturaleza de la apuesta. Ya no se trata solo de invertir beneficios acumulados; también se trata de convencer a los acreedores de que las rentabilidades futuras llegarán a tiempo.
Hay motivos para el optimismo. La demanda existe y algunos servicios crecen con rapidez: Google Cloud aumentó un 103%, Azure un 48% y la cartera de pedidos de AWS alcanzó los 587.000 millones. Microsoft cerró el trimestre con flujo de caja positivo y superó las previsiones. El mercado distingue, por tanto, entre quienes ya encuentran clientes dispuestos a pagar por la IA y quienes todavía tienen que demostrar cómo convertir sus inversiones en ingresos.
Pero también crecen las dudas. Hay más de tres billones de dólares comprometidos en centros de datos, y la financiación depende cada vez más de los mercados de deuda. La revisión alcanza incluso a las empresas privadas: CNBC informa de que OpenAI habría reducido su ronda de financiación de unos 30.000 a unos 20.000 millones de dólares. En Washington, un grupo de congresistas demócratas ha presentado una resolución no vinculante contra un eventual rescate público de empresas de IA.
Lo que estamos viendo no es solo una discusión sobre cuánto vale una tecnología. Es también una discusión sobre quién financia su despliegue y quién asume las consecuencias si la rentabilidad prometida no aparece. Cuando el capital deja de premiar el crecimiento por sí mismo y empieza a exigir resultados, la innovación entra en otra lógica en la que se debe demostrar que puede pagar la factura.
Para los inversores, el foco se desplaza del gasto en capital a la caja y a la capacidad de monetizar los servicios. Para las empresas usuarias, la rivalidad puede traducirse en precios más bajos: OpenAI lanzó GPT-6.1 Terra a un precio un 50% inferior al de su predecesor. Pero esa competencia tiene límites. Si se corrige el gasto, Europa y España —muy dependientes de los servicios en la nube estadounidenses— podrían encontrarse con capacidad más cara o más difícil de contratar.
Y queda una consecuencia que no debería perderse entre las cifras. Goldman Sachs advierte de que la automatización mediante IA tiende a acelerarse durante las recesiones. Si llega un frenazo financiero, la exposición de los puestos de trabajo a la inteligencia artificial puede dejar de ser una previsión abstracta y convertirse en despidos. La carrera por la IA se presenta como una promesa de productividad; habrá que ver quién recoge sus beneficios y quién paga sus costes.

Héctor Santcovsky
Este artículo ha sido publicado directamente por su autor, un colaborador de confianza de BarcelonaDot.org. Su contenido refleja exclusivamente su perspectiva personal y no ha pasado por el proceso editorial habitual del medio.

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