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La marca de agua que convierte al periodista en impostor

admin 24 de agosto de 2026 ⏱ 4 min lectura
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La gran mentira de la marca de agua de la IA

El problema fundamental de una marca de agua como la recién fracasada creada por Anthropic es que solo pretende responder a una pregunta: «¿Ha intervenido una inteligencia artificial?». No sabe explicar cuánto ha intervenido, para qué se ha utilizado ni quién ha realizado el verdadero trabajo intelectual.

Consideremos tres casos completamente diferentes.

En el primero, el impostor escribe: «Hazme un artículo sobre la inestabilidad geopolítica producida por Donald Trump». La inteligencia artificial genera ochocientas palabras y el supuesto autor se limita a copiarlas y publicarlas bajo su firma. No investiga, no comprueba las fuentes, no modifica la tesis y quizá ni siquiera lee atentamente el resultado. Esto es una apropiación flagrante de un trabajo generado automáticamente. La intervención humana se reduce a formular una petición genérica y pulsar dos botones.

En el segundo caso, un periodista conoce el tema, tiene una posición editorial y parte de ideas propias. Prepara un briefing, define la tesis, establece el contexto y utiliza la inteligencia artificial para buscar documentación, localizar antecedentes y encontrar perspectivas que podrían haber pasado inadvertidas. Pero no acepta automáticamente sus resultados. Solicita las fuentes, las abre, las lee y comprueba si realmente sostienen lo que afirma la máquina. Descarta documentación irrelevante, corrige errores, introduce sus propias opiniones y obliga al sistema a reescribir numerosos fragmentos. Modifica la estructura, cambia el tono, cuestiona las conclusiones y trabaja mediante un largo proceso iterativo hasta obtener el artículo que había concebido.

La inteligencia artificial ha participado, naturalmente. También participaron antes Google, las hemerotecas, los buscadores académicos, las bases de datos y las bibliotecas. Pero quien ha dirigido la investigación, seleccionado las fuentes, elaborado el criterio y asumido la responsabilidad continúa siendo el periodista.

Existe todavía un tercer caso. Una persona, un autor, escribe íntegramente un artículo sin utilizar IA y, una vez terminado, pide a la IA que corrija la ortografía, elimine repeticiones o mejore algunas frases. La obra, el pensamiento, la estructura y las conclusiones son humanos. La inteligencia artificial ha actuado simplemente como un corrector o un traductor.

Este es el gran y preocupante problema de la marca de agua: El impostor que ha copiado una respuesta automática, el periodista que ha realizado una investigación rigurosa y el autor que únicamente ha corregido una coma aparecen clasificados bajo una misma sospecha: «Este contenido ha sido generado mediante inteligencia artificial».

Es una clasificación intelectualmente pobre y profesionalmente injusta.

La ausencia de la marca tampoco demuestra nada. Una reescritura, una traducción o el paso del texto por otro modelo pueden eliminarla. Anthropic reconoce que las modificaciones profundas debilitan la detección y que encontrar la señal no demuestra que Claude haya escrito originalmente todo el contenido. Por tanto, la marca puede desaparecer en el texto fraudulento y permanecer en el artículo profesional.

La marca de agua perjudica al periodista y lo confunde con el impostor.

La transparencia no debería limitarse a declarar «se ha utilizado IA». Debería indicar cómo se ha utilizado. No es lo mismo decir «texto generado automáticamente» que «investigación y redacción desarrolladas por el autor con asistencia documental de IA» o «texto humano revisado ortográficamente mediante IA».

La auténtica marca de agua debería describir el proceso, el grado de intervención y la responsabilidad editorial.

Porque un autor no es simplemente quien pulsa las teclas. Es quien concibe la idea, formula las preguntas, dirige la investigación, verifica los datos, toma las decisiones y responde por el resultado.

Todo lo demás es confundir al periodista con el impostor.

Tomás Cascante
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P. D. Este artículo lo he escrito, con el inestimable apoyo de la inteligencia artificial. No solo no tengo ningún inconveniente en reconocerlo, sino que sería una contradicción ocultarlo después de haber defendido precisamente esta tesis. Las ideas, la estructura, el criterio y la responsabilidad son exclusivamente míos. La inteligencia artificial ha sido, sencillamente, la mejor herramienta de escritura que he tenido nunca.

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