Sociedad

El nuevo mundo distópico-utópico de la Inteligencia Artificial

admin 4 de agosto de 2026 ⏱ 6 min lectura
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La inteligencia artificial amenaza con desmantelar la clase media y redibujar el capitalismo del siglo XXI

Durante décadas, la automatización eliminó tareas repetitivas mientras creaba nuevas ocupaciones. La mecanización sustituyó fuerza física; la informática reemplazó procesos administrativos; internet transformó el comercio y las comunicaciones. En cada revolución tecnológica, el mercado laboral terminó adaptándose. Sin embargo, la irrupción de la inteligencia artificial plantea un escenario cualitativamente distinto.

El economista Branko Milanovic, uno de los mayores especialistas mundiales en desigualdad económica, sostiene que la IA podría convertirse en la primera tecnología capaz de sustituir simultáneamente trabajo manual, administrativo e intelectual a gran escala. Si esa hipótesis se confirma, el resultado no sería únicamente un aumento de la productividad, sino una transformación radical de la estructura económica y social de las sociedades desarrolladas.

Más que responder con predicciones cerradas, Milanovic propone formular las preguntas que determinarán el futuro del capitalismo.

Productividad no significa necesariamente prosperidad

El primer debate gira en torno al verdadero impacto económico de la inteligencia artificial. Una empresa puede producir el mismo volumen con menos trabajadores gracias a sistemas inteligentes. Eso supone un incremento de productividad, pero no implica necesariamente que la economía produzca muchos más bienes o servicios.

La diferencia es fundamental.

En anteriores revoluciones industriales, las nuevas tecnologías crearon mercados completamente nuevos. La electricidad impulsó la industria moderna. Internet originó sectores enteros inexistentes décadas antes. Con la inteligencia artificial todavía no está claro si ocurrirá algo similar o si, simplemente, redistribuirá el trabajo existente entre personas y algoritmos.

Lo que sí parece evidente es que la producción por trabajador aumentará de forma significativa. La IA ya redacta documentos, programa software, analiza datos, traduce idiomas, genera diseños y automatiza numerosas tareas intelectuales que hasta hace poco requerían profesionales especializados.

El nacimiento de una población laboral excedente

La consecuencia más inquietante no sería el desempleo temporal, sino la aparición de millones de personas cuyas capacidades dejarían de tener demanda.

Milanovic utiliza deliberadamente el concepto de «población excedente» porque considera que el problema va más allá del paro tradicional. No se trataría únicamente de trabajadores buscando empleo, sino de personas cuyas habilidades pertenecerían a una economía que habría desaparecido.

En ese escenario, reciclar profesionalmente a toda la población podría requerir años o incluso resultar imposible para muchos trabajadores.

Los sistemas actuales de protección social fueron diseñados para periodos breves de desempleo. Una población permanentemente desplazada obligaría a replantear completamente el Estado del bienestar mediante subsidios permanentes o rentas básicas universales.

Sin embargo, el economista advierte de que garantizar ingresos mínimos no resuelve el problema político ni psicológico derivado de una sociedad donde millones de personas carecen de una función económica.

El trabajo proporciona ingresos, pero también identidad, reconocimiento social y sentido de pertenencia.

La nueva aristocracia tecnológica

Mientras parte de la población perdería relevancia económica, otra concentraría una riqueza sin precedentes.

La inteligencia artificial requiere enormes inversiones en infraestructuras, centros de datos, chips, energía y modelos computacionales. Quienes controlen esos activos podrían acumular beneficios extraordinarios.

No se trataría únicamente de empresas tecnológicas. También surgiría una nueva élite formada por propietarios del capital digital y profesionales altamente cualificados capaces de combinar elevados salarios con importantes inversiones financieras.

Milanovic denomina a este grupo «clase homoplútica»: individuos que obtienen simultáneamente grandes rentas del trabajo y del capital.

Por encima de ellos permanecería una capa aún más reducida formada por los grandes propietarios de las plataformas tecnológicas globales, auténticos «tecnoseñores» cuya influencia económica podría extenderse también al ámbito político.

Una sociedad dividida en cuatro niveles

La hipótesis más provocadora del ensayo describe una sociedad organizada en cuatro grandes estratos.

En la base aparecería una población sostenida mediante ayudas públicas permanentes y entretenimiento digital constante. Por encima sobreviviría una amplia clase de trabajadores de servicios que realizarían aquellas funciones todavía difíciles de automatizar, aunque siempre bajo la amenaza de ser sustituidos por nuevas generaciones de inteligencia artificial.

El tercer nivel estaría ocupado por profesionales altamente cualificados capaces de beneficiarse tanto de su trabajo como de sus inversiones.

Finalmente, la cúspide correspondería a una minoría extraordinariamente rica que concentraría el control del capital tecnológico.

La gran ausente sería precisamente la clase media que caracterizó el desarrollo económico de las democracias occidentales durante buena parte del siglo XX.

Más riqueza… y también más desigualdad

Uno de los efectos más previsibles sería el cambio en el reparto de la renta.

Si las máquinas realizan una parte creciente del trabajo, una mayor proporción de la riqueza generada pasará a quienes poseen ese capital tecnológico.

La participación de los salarios disminuiría mientras aumentaría la correspondiente al capital, ampliando la brecha patrimonial existente.

Incluso aunque la producción total creciera considerablemente, los beneficios podrían distribuirse de forma muy desigual.

El resultado sería una economía más rica en términos agregados pero también mucho más polarizada.

El riesgo político

La preocupación de Milanovic trasciende la economía.

Las democracias modernas se han apoyado históricamente sobre una amplia clase media relativamente estable. Esa clase ha actuado como elemento moderador entre los extremos sociales.

Si desaparece, el equilibrio político también podría hacerlo.

Una sociedad con grandes masas de ciudadanos dependientes del Estado y una pequeña élite extremadamente rica podría convertirse en un escenario propicio para el populismo, la polarización y los conflictos sociales.

Paradójicamente, los países tecnológicamente más avanzados podrían terminar siendo también los más inestables.

El verdadero debate

La inteligencia artificial suele presentarse como una herramienta destinada a liberar a las personas del trabajo rutinario para dedicar más tiempo a actividades creativas y de ocio.

Milanovic no niega ese potencial.

Lo que cuestiona es quién se beneficiará realmente de esa productividad extraordinaria.

Si las ganancias quedan concentradas en quienes controlan el capital tecnológico, la IA podría acelerar el mayor proceso de concentración de riqueza desde la Revolución Industrial.

En ese escenario, el problema dejaría de ser tecnológico.

Sería profundamente político.

Porque la cuestión ya no consiste en saber si la inteligencia artificial transformará el mundo. Todo indica que lo hará.

La verdadera incógnita es si esa transformación servirá para construir una sociedad más próspera e inclusiva o si, por el contrario, inaugurará una nueva era de desigualdad estructural en la que la clase media termine convirtiéndose en un recuerdo histórico.

Artículo basado en el original:
https://letraslibres.com/economia/el-nuevo-mundo-distopico-utopico-de-la-inteligencia-artificial/03/08/2026/