Héctor Santcovsky · ¿ESTAMOS ANTE UNA NUEVA BURBUJA CON LA IA?
El informe de Panmure Liberum «What if… the AI boom goes into reverse?» (14 de mayo de 2026) ha cobrado una actualidad inesperada en las últimas semanas. Desde el 2 de junio, el Nasdaq ha caído cerca de un 7% y el sector tecnológico (XLK) más de un 11%, entrando técnicamente en corrección. No es un detalle menor: según una encuesta reciente entre gestores de fondos, el 45% identifica hoy una burbuja de IA como el principal riesgo de cola para los mercados, frente a solo el 11% que lo señalaba en septiembre.
Una inversión sin precedentes históricos
Los analistas Joachim Klement y Francisca Reis sostienen que el boom de infraestructura de IA ya es, desde una perspectiva macroeconómica, un 60% mayor que la burbuja TMT de finales de los noventa. La inversión tecnológica representa hoy casi el 100% del crecimiento del PIB estadounidense, frente al 56% en el pico de la burbuja puntocom.
Las cifras de capex han seguido revisándose al alza incluso después de publicado el informe. Goldman Sachs proyecta que el gasto conjunto de los hyperscalers entre 2025 y 2027 alcanzará 1,15 billones de dólares, más del doble que en el trienio 2022-2024. Algunas estimaciones sitúan solo el capex de 2026 entre 600.000 y 725.000 millones de dólares para los cinco grandes (Amazon, Microsoft, Alphabet, Meta y Oracle), con ratios de capex sobre ventas del 45-57%, niveles que históricamente solo se habían visto en utilities o telecos intensivas en capital.
El problema de fondo: ¿quién paga la factura?
El núcleo del argumento de Panmure Liberum es que, según el consenso de analistas, el retorno sobre el capital invertido (ROIC) implícito de este capex es negativo para casi todos los hyperscalers salvo Amazon. Para que las cuentas cuadren, estas empresas necesitarían encontrar entre 2 y 5 billones de dólares adicionales de ingresos anuales de aquí a 2030 —es decir, cuadruplicar sus ingresos sin aumentar apenas costes.
Mientras tanto, la financiación cada vez depende más de la deuda. Microsoft y otros hyperscalers ya han emitido en lo que va de 2026 más deuda que en todo 2025 (más de 100.000 millones de dólares frente a 80.000 millones), y firmas como Morgan Stanley y J.P. Morgan estiman que el sector tecnológico necesitará emitir alrededor de 1,5 billones de dólares en nueva deuda en los próximos tres años para financiar la construcción de infraestructura de IA.
A esto se suma la creciente preocupación por la financiación circular: las inversiones cruzadas entre Microsoft, Nvidia, OpenAI y otros, donde el capital circula entre las mismas empresas y se contabiliza como ingresos en cada parada, sin que entre dinero nuevo real al sistema.
Dos lecturas sobre la diferencia con la burbuja puntocom
Hay un argumento que separa a optimistas y pesimistas: a diferencia de las puntocom de 2000, los grandes protagonistas actuales —Microsoft, Nvidia, Alphabet— son extraordinariamente rentables y generan caja real. Por eso algunos analistas hablan más de un «reseteo de valoraciones» que de un colapso estructural. Otros, sin embargo, apuntan a que el riesgo no está tanto en el precio de las acciones como en los propios beneficios: si la demanda de IA resulta ser menor de lo anticipado, el «bubble» podría estar en las expectativas de ingresos futuros, no solo en las valoraciones bursátiles actuales.
Hay además un problema físico que limita la narrativa más alcista: la capacidad real de centros de datos que entra en funcionamiento crece mucho más lento que los anuncios de capex. Según datos citados por Panmure Liberum, de los 811 GW de capacidad planeada en EE.UU. hasta 2030, solo el 4,6% está actualmente en construcción.
Los escenarios y los refugios
Panmure Liberum simula tres escenarios de reversión —desde una corrección moderada hasta una repetición del crash TMT de 2001— y en todos ellos los mercados europeo y británico sufren más que el estadounidense, aunque también ofrecen los mejores refugios relativos: el comercio minorista europeo y británico (Inditex, H&M, Next, B&M) y la construcción británica (Balfour Beatty, Morgan Sindall, Keller), sectores que en el peor escenario perderían menos del 10% de su valor de mercado.
La pregunta que queda abierta
Tanto el informe de mayo como el consenso reciente de mercado coinciden en algo: nadie sabe con certeza si estamos en una burbuja, y mucho menos cuándo podría estallar. Algunos estrategas apuntan a la segunda mitad de 2026 o principios de 2027 como ventana de riesgo; otros creen que los recortes de tipos de los bancos centrales podrían sostener el ciclo un año o dos más. Lo que sí parece claro, a la luz de la corrección de las últimas semanas, es que el mercado ha empezado a hacerse la pregunta en serio.
Héctor Santcovsky
Este artículo ha sido publicado directamente por su autor, un colaborador de confianza de BarcelonaDot.org. Su contenido refleja exclusivamente su perspectiva personal y no ha pasado por el proceso editorial habitual del medio.