Tomás Cascante
Reflexiones sobre inteligencia artificial y sociedad. Un artículo semanal (a veces más...).
ICE: De la guerra a la ciudad: el algoritmo socava la libertad
Ayer publiqué un artículo titulado “Algocracia: ¿el fin de la democracia?”. Lo escribí como un comentario, casi como una hipótesis provocadora. Hoy, al leer en CTXT que las operaciones del ICE se parecen cada vez más a la ocupación israelí en Gaza, veo que no era una exageración. Era una descripción anticipada.
Hoy el arma más poderosa de un agente del ICE —no un soldado en un campo de batalla, sino un funcionario armado que podría operar en una ciudad cualquiera— cabe en la palma de la mano. Antes el poder coercitivo se imponía con ametralladoras y tanques. Hoy se despliega con smartphones. Mapas geoespaciales que señalan objetivos, algoritmos que asignan puntuaciones de riesgo, sistemas de reconocimiento facial que identifican rostros en segundos. No estamos hablando de guerra convencional. Estamos hablando de tecnología de guerra aplicada a entornos civiles.
«El Smartphone, el nuevo Fusil»
Estamos asistiendo a una mutación silenciosa: la militarización algorítmica del espacio civil. Gaza fue el laboratorio tecnológico. En Estados Unidos esa misma lógica empieza a convertirse en norma. La arquitectura es la misma: cartografiar, clasificar, predecir. Convertir barrios en cuadrículas de datos. Convertir personas en perfiles de riesgo.
«El algoritmo no dispara pero decide a quién se apunta»
El algoritmo no dispara, pero decide a quién se apunta. Y en un contexto de poder coercitivo, señalar es el primer paso del uso de la fuerza. La historia demuestra que las herramientas diseñadas para el enemigo externo acaban encontrando un uso interno. Siempre empieza con “ellos”. Rara vez termina ahí. Estamos sustituyendo la ocupación física por la ocupación digital.
La pregunta ya no es si esto es más eficiente.
La pregunta es ¿quién controla el código que decide sobre nosotros?
Tomás Cascante
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Este artículo lo he escrito, por supuesto, con la ayuda de la inteligencia artificial. Sería una contradicción ocultarlo, después de haber defendido desde estas columnas su uso, siempre que sea eso: una ayuda. El concepto, la estructura, la voz, el criterio editorial y la responsabilidad son exclusivamente míos. La inteligencia artificial es, sencillamente, la mejor herramienta de escritura que he tenido.
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