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Smart City Expo 2026: cuando la ciudad inteligente deja de ser una promesa

admin 4 de noviembre de 2026 ⏱ 2 min lectura
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Un año más, el Smart City Expo World Congress nos ha sorprendido con su capacidad de convocatoria, tanto de asistentes como de congresistas y expositores. Este encuentro es un necesario punto de encuentro presencial en una época en que casi todo ocurre a través de una pantalla. Aquí los proyectos se ven y se tocan. Las conversaciones de pasillo acaban muchas veces en acuerdos que ninguna videollamada habría logrado forjar. La confianza, base de cualquier negocio, sigue necesitando mirarse a los ojos.

Las cifras de esta 15ª edición, que se celebra del 3 al 5 de noviembre en el recinto de Gran Via, lo confirman. Reúne a más de 27.000 asistentes, 1.100 expositores y 600 ponentes, con representantes de un millar de ciudades y delegaciones de más de 140 países. Su lema es Urban Solutions, Real Impact, y con él el congreso deja atrás la ciudad inteligente como promesa para mostrar soluciones que ya funcionan.

España juega en casa con fuerza. ICEX, Red.es y la Red Española de Ciudades Inteligentes (RECI) han reunido a 44 empresas en el Pabellón de España. Presentan propuestas de movilidad sostenible, energía, agua, residuos, iluminación y gobernanza digital. Les acompañan Murcia, Rivas Vaciamadrid y Sant Feliu de Llobregat, premiadas por sus proyectos de innovación urbana. Compartir pabellón da a estas compañías contactos internacionales y les ahorra el coste de organizar misiones comerciales propias.

Barcelona, por su parte, muestra 70 servicios y proyectos repartidos en siete hubs. Van desde el control de la movilidad en tiempo real hasta los robots de salvamento de los Bomberos, el simulacro Barcelona 50º frente al calor extremo y el piloto del Barcelona Supercomputing Center en Les Corts.

La gran protagonista, sin embargo, es la vivienda. La primera Housing World Summit (HOWS) ha puesto sobre la mesa el suelo, la regulación, la construcción industrializada y la rehabilitación. El teniente de alcaldía Jordi Valls lo resumió con claridad: las viviendas no son un activo, son para vivir. Además, los World Smart City Awards estrenan una categoría dedicada a ella.

No faltan las dudas. La ciberseguridad, la posible pérdida de empleo, los sesgos de los algoritmos y el temor a ceder el control a las máquinas inquietan, y con razón. Pero recorriendo los pasillos de Gran Via se percibe otra cosa: miles de personas trabajando para que la tecnología sirva a los ciudadanos, y no al revés. Cuando ciudades, empresas e investigadores se sientan a la misma mesa, los riesgos se convierten en retos compartidos. Y los retos compartidos, como demuestra la historia, acaban encontrando solución.

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